lunes, 2 de febrero de 2015

Estoy enfermo

Tengo un problema,
mi profesora de Edad Moderna
está muy buena.
Sus medias, de sus tacones a sus muslos
pasando por sus piernas
me hacen imaginar que
mejor que sobre el suelo,
bien estarían sobre mis hombreras.

Probablemente esté enfermo.

Sus tetas han cedido al inexorable paso del tiempo:
están caídas y deformes, o eso veo
entre su bufanda y su rizado pelo.

Me dobla en edad, quizás
dentro de unos años me triplique.
Las matemáticas son caprichosas.

Me relajo pensando que cegada
por la visión de épocas pasadas,
su bello púbico siga el estilismo de aquellas.

Seguramente esté enfermo.

Salgo de esa maldita aula
donde se respira mediocridad
mezclada con dosis de virilidad
y algo parecido a la ignorancia
que no soy capaz de descifrar.

El viento corta como un serrucho
corta la madera si se lo propone.
La lluvia es escasa, más o menos
como la genialidad de quienes me acompañan.

Justo cuando enfilo esa última colina
tras la que se encuentra el destino de Moisés
que no es otra que las escaleras del tren
que me lleva de vuelta a la vida,
me vibra el móvil, tengo un mensaje.
En realidad ya sé de quién es,
solo una unión predestinada de los astros
indicaría algo contrario.

Más temas sobre los que pensar
y siempre sobre lo mismo: qué pasó en el pasado.
No tengo ganas de responder pero lo hago.

En el fondo me alegro de que me hable.

En el fondo no soy tan mala persona como me tengo
o como me tienen los que no me conocen.

Quizás no esté tan enfermo.

sábado, 31 de enero de 2015

"""

Y otra vez me dejas con incógnitas.
Por cada duda que me resuelves
Se me disparan mil y una preguntas
Que me hacen volar entre la gente.
Que me hacen sentir que las grandes conversaciones
Pueden ser rotas con simples palabras.
Que la vida a pasos de gigante
No es vida si en cada una de mis pisadas
Dejo atrás más llanuras que pendientes.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Nadie decente

Entre un millón de personas
no vi a nadie decente.
Parecían tener el alma rota
a trozos ingentes.
Recé para fingir una buena obra
y calmé mi temple.
No querían atarse a una soga,
no querían ser libres. En vez de
eso, se sentían merecedores de las sobras.
La ambición entre esta gente
estaba de luto, como sus pocas
ganas del mundo comerse.
Lo curioso de la historia
es que no eran rehenes
de una televisión provocadora
ni de una educación que lava mentes.
Eran presos, esclavos a todas horas
de una mano que como una lente
cubierta de polvo era ocultadora
de los detalles menos corrientes.
Esos que a tu vida una chispa proporcionan.
Esos que están estáticos siempre
pero que nunca nadie miró de tal forma
que solo estos estuvieran al frente.
Lo intenté escalando todas las lomas
pero no pude ver a nadie decente
entre un millón de personas.


Fotografía extraída del flickr de Rea Eliécer

El arrepentimiento de los cobardes.

Entre la poca valentía
que guardaba
su cobardía,
reunió fuerzas
para escapar de la vida.
Pensándolo mucho o
con demasiada prisa
decidió decir adiós
a aquello que le robó la risa.
Antes de hacerlo,
antes de darse por perdida,
pensó sus recuerdos fríamente,
en un acto de rebeldía.

                   Amores,                 desamores,               engaños,
                                 libertades,                  prisiones,             desidia...

Se preparó y en un acto reflejo,
a sangre fría,
vio escena cotidianas
en el salón de otras familias.
En el ultimo instante por instinto,
se arrepintió de quitarse la vida.
Y se terminó
como terminan los años,
en un abrir y cerrar de ojos.


Fotografía extraída del flickr de Rea Eliécer.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Perdimos el compás
y como dos locos
 nos miramos el uno al otro
 y nos juramos nunca más.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Tanto como el primer día

Nos miramos en vilo
Y sin oírlo nos gritamos.
Sabemos que nunca
Más nos veremos.
Aún así
Nos esforzamos por
Recordar nuestras caras.
En solo dos minutos
Un corazón se revoluciona.
En cuatro ya ni se controla.
Nos sentamos el uno
Frente al otro,
Torcemos la mirada
Para evitar nuestros rostros,
Para evitar las palabras,
Pero de reojo te veo,
Me ves,
Sonreímos
Y nos sonrojamos.
Armas tristes,
Cuerpos pesadumbrosos
Que no evitan el embiste.
Sabemos a qué nos arriesgamos
Al subir al tren
Pero aún así,
Me sigues enamorando
Tanto como el día
Que te vi por primera vez.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Tengo tres rosas

Tengo tres rosas.
Me gusta el tres.
Es impar.
No es uno, que es poca cosa.
Tampoco es cinco, que es demasiado.

Tengo tres rosas.
Me gustan las rosas.
Son flores
Y son de muchos colores.
A mí me gustan las rojas.

Tengo tres rosas
En un florero.
Es verde esmeralda,
así las flores
Destacan aun más.

Tengo tres rosas.
Las riego todos los días
Con calma y sosiego
Porque son seres con sentidos.
Aunque a veces no las riego.

Tengo tres rosas.
Las tengo en la entrada.
Así la gente cuando viene,
Se para a contemplarlas.
Algunos ni siquiera las ven.

Tengo tres rosas.
Tienen un buen olor.
A veces huelen a rosa,
Otras a almidón.
Constipado no las huelo.

Tengo tres rosas.
Las he cambiado de sitio.
Ahora están en el salón
Y la gente las ve con calma.
Sin prisas como en el recibidor.

Tengo tres rosas.
No tengo más flores,
Así son el foco de atención.
Aunque lo demás tapa su olor.
Quizás ponga mas flores.

Tengo tres rosas.
Ni una flor más.
También tengo un jarrón precioso
Y un lugar espléndido
Para ser exhibido.

Tengo tres rosas.
La gente solo mira el jarrón.
Ya no las huelo
Porque siempre estoy constipado.
Casi nunca las riego.

Tenía tres rosas.
Se marchitaron
Por falta de agua.
La gente viene a ver el jarrón.
Creo que compraré otros dos.